Voy a dejar de lado las introducciones rutinarias que tenía pensado para este blog para contarles el precioso día que tuve hoy. Estoy desvelado, no puedo dormir, me peleé con mi mujer, me duele el cuerpo y para colmo mañana tengo una presentación y orientación para la gente nueva que entra a trabajar en la oficina…seguro que son unos pendeijtos veinteañeros sin ganas de laburar…y a mi me toca lo peor, enseñarles. Bueno, vamos a lo que vinimos. El día de hoy parecía que iba a ser igual a cualquier otro: levantarme, prepararme el desayuno, llevar a mi hija al colegio, llegar a la oficina, trabajar 8 horas, “juntarme con mis compañeros de trabajo a tomar unas cervezas relajantes” (está en comillas por una razón especial, más tarde se va a entender), llegar a casa y dormir tranquilamente.
Esto hubiese sido la gloria si las cosas hubiesen pasado del modo que las relato ahora mismo. El problema fue que no todo es como se lo espera y me llegó la aclaración ni bien salí de casa. Llevé a mi hija al colegio como todas las mañanas. La dejé en la puerta de la escuela, esperé a que entrase y me dispuse a irme. Pero no! el destino tenía preparado otra cosa para mi y el auto no arrancó. Una hora más tarde y 20 cuadras remolcadas, supe que había una fuga en el tanque de aceite. El arreglo costo no más de 100 pesos…ese no fue el problema. Tampoco fue llegar tarde al trabajo…total soy el jefe. Una vez allí, las cosas se sucedieron como era esperado. Los nuevos ingresos llegaron un poco más tarde de las 11:00 y yo les hice el tour por la oficina y les enseñé las operaciones básicas para desempeñarse en el día a día.
Pero no todo eran rosas…uno de ellos, un poco más avanzado de edad que los demás, tendría unos 29 años, me miró varias veces, como si me conociera de alguna parte. Me estudiaba de arriba a abajo, observaba la forma en que sonreía o movía la boca, especialmente la boca. Esto me incomodó un poco durante todo el día y volvió a mi hace unas pocas horas cuando apoyé la cabeza sobre la almohada. ¿Quién era ese hombre y por qué me observaba tanto?
Horas más tarde salí de la oficina a “juntarme con mis compañeros de trabajo a tomar unas cervezas relajantes”. ¿Se acuerdan de esta frase más arriba? Bueno, es lo que le digo a mi mujer cada vez que me dirijo a mi otro trabajo, a mi pasión.
Llegué bastante temprano, eran alrededor de las 21:00 y las chicas ya estaban maquilladas y preparadas para la acción. Yo no era la excepción. Después de 8 horas de trabajo, un poco de relax siempre viene bien y mucho más cuando te pagan por ello!
Solo tuve 3 clientes, en general son más pero ahora hay vacas flacas en el país….bah, en el mundo! así que no me preocupé demasiado. Los dos primeros unos tiernos bárbaros! pibes….eran pibes, se les notaba en la cara, en el miedo de la primera vez. Se acercaron y preguntaron lo típico de un principiante: “¿podemos elegir entre pasivo o activo?”. Ninguna de nosotras quiso reírse pero a algunas se les escapó una risita desde lejos. De todas formas, parecían buena gente así que con mi mejor sonrisa de madre les dije: “ustedes eligen lo que quieran bombones”.
Así fue, rapidito. Primero uno, después el otro. La noche parecía mejorar después de todo. Al terminar con los dos chiquitos nos juntamos con Ro y Carla a fumarnos un puchito abajo de un árbol y a charlar un rato. Unos minutos más tarde escuchamos un grito carrasposo y violento: “che gordito!! si vos, el del culo en compota, vení, vení que te quiero hacer una preguntita”. Las tres nos dimos vuelta para ver a la bestia peluda que gritaba tales pavadas y ahí lo vimos. No puedo explicarlo, era una especie de Hugo Moyano mezclado con Homero Simpson y Polino. Solo así puedo definirlo. Camionero como él solo, gordo, peludo, transpirado y con, por lo menos, una semana sin bañarse. Este especímen que se creía macho me llamó y me dijo al oído: “Mamita, vamos rápido que estoy calentito, te voy a dejar el orto como una pasa de uva”. ¿Qué se le puede responder a una persona que te dice algo así? Yo me hago respetar, no puede ser que este enfermo de la vida me quiera destruir mi único recurso que tengo para este trabajo, pero…..como ya dije antes, la situación está difícil y ya estaba ahí, trabajando en lo que quiero, como yo quiero sin que nadie me moleste. Debo reconocer que la tentación de saber como se sentía que te rompa el orto un camionero era más llamativa que el nunca probar. Se dice que siempre hay que probar, solo de esa manera se sabe que es bueno y que es malo. Solo por eso le contesté: “Estacioná al lado de ese árbol y pasate al asiento de atras que te voy a mostrar lo que es una mujer de verdad”.
Grave error. Creo que la emoción del momento no me llevó a pensar muy claro mis decisiones. Este mamút prehistórico jamás pudo haber estado con alguna mujer a no ser que haya estado inconsciente o muy borracha. Imagínense un inodoro tapado y el plomero tratando de destaparlo con tanta fuerza que lo termina rompiendo. Más o menos así sentí mi preciado agujero. Encima el hijo de puta estuvo dándome como media hora! yo no aguantaba más, lo tuve que parar porque sino creo que me desgarraba o algo! Todo por unos míseros 50 pesos…
Las chicas se rieron, me decían que era demasiado puta para aguantar que un mastodonte como ese me hiciese lo que me hizo e imaginaban que si le hubiese pasado a Giselle, ya estaríamos en el hospital. Pero yo me la banqué y no dije nada.
Apenas pudiendo caminar, me fui para casa. Feliz de la vida me recibe mi mujer Adriana, preguntándome qué carajo hacía llegando a las 02 de la mañana y por qué caminaba como si me hubiese cagado encima. Lo que me faltaba! 1 hora más de pelea, amenaza de dormir en el sillón y griterío.
Finalmente se quedó dormida y pude escabullirme en el cuarto para dormir cómodo. Pero no, el culo todavía me arde, me duelen las piernas de estar todo el día parado y para colmo de males me acuerdo de ese idiota del trabajo que me mira sospechosamente.
Deben reconocerlo, este de verdad fue un día del orto.